
EL COMPLEJO DE DIOS
por
Joseph Moner
Cuando una persona se arrodilla en una iglesia, pidiendo un milagro para la curación de alguien, en realidad es para afianzar su fe en los profesionales de la MEDICINA y la ABOGACÍA, para salvarle de sus problemas físicos o jurídicos.
Ambos profesionales utilizan sus conocimientos aprendidos en sus respectivas Facultades, para convertirse en ese Dios al cual acudimos, para devolvernos la salud o el patrimonio.
No obstante la solución de los problemas, depende la mayoría de las veces del importe de los honorarios percibidos por ambos profesionales. Los económicamente fuertes pueden acudir a quienes tienen un prestigio ganado en una clínica especializada y cara, donde nunca será tratado el débil. Así sucede con los letrados que trabajan en un reconocido bufete, cuya abundancia de medios les permite salvar a sus clientes de cualquier pena, siempre cubiertas por las fianzas, que los libran del cautiverio.
No obstante para ambos casos, el gobierno ha dispuesto el servicio gratuito para ambas querencias. La Seguridad Social para los enfermos, cuyos médicos también ejercen la medicina privada en sus consultorios. Cuando un cirujano opera a su paciente, pone en sus manos todos sus conocimientos como lo hiciera en su clínica privada, sin tener en cuenta los honorarios que percibe para ello.
Para la acción civil y penal, el art. 24 de la Constitución Española dispone que: “Todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos, sin que en ningún caso, pueda producirse INDEFENSION”.
Para ello el Ministerio de Justicia, a través de los Ilustres Colegios de Abogados de cada jurisdicción ha dispuesto el servicio de Abogados por Turno de Oficio para prestar la JUSTICIA GRATUITA, para quienes acrediten insuficiencia de recursos para litigar.
Aquí surge el problema que afecta a tantos ciudadanos obligados a acudir a ese servicio de Asistencia Jurídica Gratuita, desempeñado la mayoría de las veces por abogados noveles o sagaces experimentados, quienes, dependiendo de la dificultad del proceso, abandonan a sus “clientes” a su suerte, alegando que los Módulos y Bases de Compensación Económica, -satisfechas por el Estado, o Comunidad regional a la que pertenecen-, no son equiparables a los abultados honorarios que perciben particularmente.
En los corredores de la muerte o en las condenas de hasta 30 años, se hallan un 97% , cuando no el 100%, de aquellos desahuciados que fueron defendidos en su día por los Abogados de Oficio. Los económicamente fuertes jamás llegan a estos extremos.
Minorías étnicas llegadas ilegalmente al país y los delincuentes de poca monta, son los clientes habituales en las cárceles de todo el mundo. En esta situación se encuentran miles de los inmigrantes llegados a nuestro país. Son carne de presidio muchos de ellos, al verse obligados a delinquir para poder sobrevivir. Pequeños robos, traficar con drogas o prostituirse, son tareas fáciles para la actuación de cualquier Abogado de Oficio para ingresar un dinero fácil. Esto supone una corta visita a la cárcel para entrevistarse con su cliente. Un alegato de un par de páginas copiadas de sentencias que aparecen en el Aranzadi. Un juicio de unos 20 minutos. Estas son las condiciones aceptables por los Abogados de Oficio, ingresando el dinero seguro aportado por los contribuyentes. Con un 70% al iniciar el proceso y el resto con la sentencia. Nadie se queja. No hay represalias. El pueblo tan sólo se entera, cuando le suben los impuestos.
Médicos y Abogados son la nueva personificación de Dios en la Tierra, al tener en sus manos la salvación o destino de cuantos seres humanos deben acudir a ellos.
Médicos sin Fronteras acuden a todo tipo de catástrofes en todo el mundo, salvando a mucha gente que, además de sus heridas, todo lo han perdido. Un voto para quienes todo lo sacrifican para el bien del prójimo.
Los Abogados no prestan ninguna ayuda social, a menos que puedan contar con buenos dividendos. Su ambición es notoria. Son trepas por naturaleza. Entran de Concejales en el Ayuntamiento de su pueblo, para llegar a gobernarlo al conseguir el bastón de mando. Este es el paso elemental para llegar a la política, y ya en ella, conseguir un escaño en el Congreso de los Diputados, con la posibilidad de ser nombrado Ministro y aún Presidente. Han sido adiestrados para mentir, que sin duda es la mejor arma para los políticos. Sus sueldos son notorios, estén en el gobierno o en la oposición. Al cabo de dos legislaturas, tienen asegurada la más suculenta pensión hasta su cambio de domicilio al más allá, para ser juzgado por el Dios justo e inapelable, sin posibilidad de presentar Recurso alguno para salvar su pellejo aún cubierto con la negra toga del trapicheo.
Los Tribunales de Justicia no es el sitio idóneo para encontrar la VERDAD, cuando son los ABOGADOS buenos y malos los que fijan las reglas del juego.
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Copyright© J. A. Moner – Octubre 2007.